La victoria de Trump en EEUU, entre crisis tardo capitalista y hegemonia acorazada de coerción

Al hacer un análisis de los Estados Unidos del Norte de América, hay que decir que siempre han estado una nación profundamente racista, fascista, clasista e imperialista. Quien solo hoy piensa haber descubierto su destacada actitud de someter todo el mundo a sus propios intereses de Estado o vivía en un mundo alienado de la realidad o era un idiota útil del imperialismo.
La verdadera diferencia entre el pasado y hoy en día son los así llamados “filtros” a través los cuales se describe el ayer y se describe el presente, la necesidad de vender un producto, en este caso la política estadounidense, bajo una forma aceptable, cubierta bajo la imagen de la así mal llamada “defensa de los DDHH” o de la “exportación de la democracia”, mediante los órganos y agencias prepuestas a la guerra y manipulación mediatica de la opinión publica a nivel internacional.
Finalmente, la política sin mascara de Donald Trump está mostrando al mundo entero la verdadera cara del imperialismo yanqui y han apagado las luces de las cámaras de los varios medios de comunicación como la CNN, Fox News, El Pais, la BBC y Televisa, entre otras, que con sus “fake news”, siempre, han representado la vanguardia de fuego en las guerras de saqueo en estas ultimas décadas, desde la guerra contra Iraq hasta hoy contra el noble e invicto pueblo de Siria que lucha con esmero contra el Estado islamico, brazo armado de los intereses nacionales de Estados Unidos e Israel en la región de Oriente Medio; sin olvidar, por cierto, las guerras contra Afghanistan, Libia y Serbia, aquí los medios de comunicación han creado las condiciones para llevar a cabo agresiones y ataques.
Así veamos que, en lugar de una política refinada, o más bien, en lugar de presentarse con una imagen democrática, de “policía internacional” que defiende los derechos humanos e individuales de las personas, veamos que, EEUU con Trump y su “America primero”, por fin, se presentan con su propia verdadera cara chovinista, reaccionaria y fascista, base de toda una realidad política, social y cultural primitiva, violenta y retrograda que es, no solo, el reflejo de los intereses de la poderosa industria tecnológica y militar, de las industrias de las armas y de las grandes multinacionales estadounidense, si no también de los intereses económicos y financieros de las grandes lobbies representadas por las familias Bush, Rotchild, entre otras, por si mismo, los verdaderos dueños de las políticas estadounidenses.
El “American Way Of Life”, el así mal llamado “sueño americano”, siempre, han representado un muy buen engaño ideológico en medio de una guerra cultural actuada como modus operandi de los EEUU para lograr sus relaciones de dominio y explotación del hombre sobre el hombre y la naturaleza, en una guerra histórica entre las fuerzas del capital y las del trabajo, entre explotadores y explotados.
Lo màs interesante de todo esto es ver las contradicciones entre aparados hegemónicos y sociedad política, reflejo de una más amplia y generalizada crisis de sus clases dirigenciales y por ende, de sus relaciones de representación clásica.
En el medio de una crisis estructural del sistema economico, financiero, político y social tardo capitalista, a caer definitivamente en contradicción es lo que Antonio Gramsci solía definir como “hegemonía acorazada de coerción” del Estado capitalista e imperialista, es decir sus “ejércitos de reserva” de la contrarrevolución, representados – hoy en día – por los medios de comunicación, las asociaciones civiles, es decir, entre sociedad civil y sociedad política, si pensamos a como reaccionaron estos sectores en los EEUU frente a la victoria electoral de Trump.
Tarea de los verdaderos revolucionarios es trabajar en estas contradicciones.

Siria y Palestina: ejemplos de lucha, Resistencia y dignidad

Pensar que el así llamado acuerdo de paz en Colombia sea un referente en el mundo y en particular en Palestina y en Siria, no sólo es impensable, si no muy ofensivo e irrespetuoso, cuando las condiciones históricas, políticas y sociales en Siria y Palestina son completamente diversas de las que han generado el conflicto en Colombia.

En Palestina hay un pueblo que desde el 1948 resiste y lucha contra el Estado sionista de Israel que, tiene como objetivo lo de desaparecer Palestina y su pueblo de la tierra. En Palestina difícilmente se podrá solucionar el problema hasta cuando no se darán completamente todas las legítimas reivindicaciones del pueblo palestino: un estado laico (Palestina) con dos pueblos (árabes y Hebreos), y donde se respetarán las tres religiones monoteístas. Algo que el sionismo nunca aceptará y con el cual por ende, nunca se podrá dialogar.

En Siria, hay una agresión imperialista por parte de EEUU que, a través la ayuda de la peor fecha humana presente en aquella región (Arabia Saudí, Qatar e Israel) financian y entrenan a terroristas (DAESH, Al-Nusra y Al-Qaeda) para acabar con Siria, el único país laico en aquella región, y que no acepta vender su patria, sus recursos, a EEUU y a sus multinacionales. En Siria el gobierno de Assad ha intentado llegar a la paz en muchas formas, mediante acuerdos y treguas, pero del otro lado, Siria tiene como enemigo el inperialismo más cínico y cruel que la historia ha conocido, y que durante una tregua, solo para hacer un ejemplo, decide dialogar con los terroristas del frente Al-Nusra, pidiéndole las coordenadas para bombardear el ejército sirio con sus aviones de combate y dejando, así, en el campo unos 60 soldados sirios y dando la posibilidad a dichos terroristas de reorganizarse y rompiendo unilateralmente dicha tregua.

Todos queremos la paz pero ¿cuál es la paz que necesita Siria y Palestina?

Por cierto no es la “paz romana”, la “paz de los sepulcros” que quieren los palestinos y los sirios ¿no es cierto?

En Siria y Palestina la paz, diversamente que en otros lares del mundo, solo puede ser con justicia social, y respetando la autodeterminación de estos pueblos, sin concertación alguna con quien te quiere borrar de la tierra.

Siria y Palestina, ellos sí que representan, hoy en día, un tremendo y verdadero ejemplo de lucha, Resistencia y dignidad para todos los pueblos trabajadores en el mundo. Es cierto.

Nunca comer en el plato y luego escupir sobre el, señor Ravsberg

En Italia la comida forma parte de nuestra vida, se come con amigos, parientes; se come para seducir el alma de quién se ama; se disfruta de la comida de la mama y de la abuelita, por lo tanto son sagrados la mesa, el plato, la compañía y las manos de quien te lo entrega. La nobleza italiana se manifiesta en el agradecer, y se traslada hasta los términos políticos. Yo vivo en México, respiro México, camino México y me enfrento con mi “italianidad” a los problemas que el día a día y una Revolución traicionada desde la falsa izquierda les da a los mexicanos su existir. Creo que lo mismo les pasará a otros compatriotas mío en otros lares del mundo. No lo sé. Yo a veces me pregunto ¿cómo se vive una Revolución conclusa, como se vive Cuba socialista, señor Ravsberg? Algunas veces escuché decir a Silvio Rodríguez a modo de auto reproche que, fue fácil evadir la bala qué le tocaba en el combate revolucionario, simplemente porque no estuvo en el ¿tú, señor Ravsberg, como periodista opinas lo mismo? Vendrías a hacer periodismo a Veracruz, México donde se matan a los periodistas? Aquí en Mexico, existe Carmen Aristegui, cuya voz se enfrenta al poder real de un títere de los intereses más viles del imperialismo, creo que en Cuba, el problema con el periodismo es solo de forma y no de fondo. Por ende, no confundamos que, la Revolución cubana ha sido benevolente hasta para combatir sus ponzoñas intestinas. Hay que tomar partido, como decía Antonio Gramsci, por ello que, entre los “jóvenes y los castradores” yo siempre estaré al lado de Fidel, Raúl y el Partido comunista y nunca estaré al lado de personajillos como tú, señor Ravsberg que buscan protagonismo al creer que la Revolución está muerta. Nunca comer en el plato y luego escupir sobre el, señor Ravsberg.

“Vivere come lui. Nguyen Van Troi. Simbolo della lotta di liberazione del Vietnam”

11377327_914002981989901_2673098122482233529_n.jpg– di Thi Quyen Phan –

Nell racconto spontaneo e coinvolgente della giovane moglie, Phan Thi Quyen, si delinea la figura di Nguyen Van Troi, divenuto il simbolo internazionale delle lotte di liberazione dei popoli contro il colonialismo.

È il racconto del sacrificio della felicità personale alla causa della libertà e dell’indipendenza del Vietnam, oppresso, da oltre un secolo, dalla dominazione coloniale delle potenze imperialiste, Francia, Giappone e Stati Uniti.
Nguyen Van Troi, davanti al plotone di esecuzione e ai giornalisti invitati ad assistervi, rivendica la giustezza della sua azione rivoluzionaria (è condannato a morte per aver tentato di dinamitare un ponte sul quale avrebbe dovuto passare Mc-Namara, segretario alla Difesa degli USA) e proclama la sua fede nella causa della liberazione della sua patria. Il sacrificio della sua giovane vita, si inserisce nel grande, generale movimento rivoluzionario della guerra di popolo che, a sua volta, affonda le radici in una aspirazione millenaria, – all’indipendenza del popolo vietnamita.
L’introduzione al libro, curato da Adriana Chiaia, si propone di inquadrare la mirabile vicenda di Nguyen Van Troi nel suo contesto storico.
A questo scopo ci si è serviti soprattutto di documenti originali vietnamiti, con ampie citazioni degli scritti di Vo Nguyen Giap, di Ho Chi Minh, e di testi tratti da Études Vietnamiennes. Si è inoltre fatto ricorso alle opere dello storico Jean Chesneaux e della ricercatrice Enrica Collotti Pischel, studiosi dei problemi dell’Estremo Oriente ed in particolare delle rivoluzioni cinese e vietnamita.
Il libro è arricchito da due schede tematiche a cura di Alessandro Pagani, la prima sulla Guerra chimica, cui gli Stati Uniti hanno fatto ampiamente ricorso nel Vietnam e sulle sue conseguenze, e la seconda su I movimenti di lotta contro la “sporca guerra” nel Vietnam, sorti negli stessi Stati Uniti.

 

Qui sotto la recensione del libro da parte di Resistenze.org

Phan Thi Quyen: Vivere come lui
Nguyen Van Troi – simbolo della lotta di liberazione del Vietnam

Traduzione di Lucio Bilangione
Introduzione di Adriana Chiaia

Schede a cura di Alessandro Pagani

Zambon editore http://www.zambon.net – 2014 – pp. 304 – prezzo 15,00

Dalla scheda dell’editore:
Nel racconto spontaneo e coinvolgente della giovane moglie, Phan Thi Quyen, si delinea la figura di Nguyen Van Troi, divenuto il simbolo internazionale delle lotte di liberazione dei popoli contro il colonialismo. È il racconto del sacrificio della felicità personale alla causa della libertà e dell’indipendenza del Vietnam, oppresso, da oltre un secolo, dalla dominazione coloniale delle potenze imperialiste, Francia, Giappone e Stati Uniti.

Nguyen Van Troi, davanti al plotone di esecuzione e ai giornalisti invitati ad assistervi, rivendica la giustezza della sua azione rivoluzionaria (è condannato a morte per aver tentato di dinamitare un ponte sul quale avrebbe dovuto passare McNamara, segretario alla Difesa degli USA) e proclama la sua fede nella causa della liberazione della sua patria. Il sacrificio della sua giovane vita, si inserisce nel grande, generale movimento rivoluzionario della guerra di popolo che, a sua volta, affonda le radici in una aspirazione millenaria, – all’indipendenza del popolo vietnamita.

Le parole d’ordine lanciate da Nguyen Van Troi: “Viva il Vietnam! Viva Ho Chi Minh!” che si sovrappongono alle scariche di fucileria, sintetizzano la lotta armata del FNL del Sud per respingere l’aggressione neocolonialista degli Stati Uniti e la difesa della Repubblica democratica socialista al Nord.

Il suo sacrificio, come quello di milioni di suoi compatrioti, non fu vano, ma ci vollero più di vent’anni perché il popolo vietnamita, guidato dal Partito dei Lavoratori del Vietnam e dal Fronte Nazionale di Liberazione conquistasse infine, il 30 aprile del 1975, la sua libertà e indipendenza.

L’introduzione al libro si propone di inquadrare la mirabile vicenda di Nguyen Van Troi nel suo contesto storico. A questo scopo ci si è serviti soprattutto di documenti originali vietnamiti, con ampie citazioni degli scritti di Vo Nguyen Giap, di Ho Chi Minh, e di testi tratti da Études Vietnamiennes. Si è inoltre fatto ricorso alle opere dello storico Jean Chesneaux e della ricercatrice Enrica Collotti Pischel, studiosi dei problemi dell’Estremo Oriente ed in particolare delle rivoluzioni cinese e vietnamita.

Il libro è arricchito da due schede tematiche, la prima sulla Guerra chimica, cui gli Stati Uniti hanno fatto ampiamente ricorso nel Vietnam e sulle sue conseguenze, e la seconda su I movimenti di lotta contro la “sporca guerra” nel Vietnam, sorti negli stessi Stati Uniti.

Dall’introduzione di Adriana Chiaia della redazione italiana della Casa editrice Zambon (pag. 157)
[…] Nelle periferie delle nostre città, tra i rutilanti palazzi a venti piani dei condomini e le luci dei supermercati, resistono ancora i casermoni delle case popolari. Sui loro muri, all’altezza del pianterreno, sono affisse numerose lapidi dedicate ai partigiani: un nome, un cognome, le date di nascita e di morte. Ogni 25 Aprile le sezioni locali dell’ANPI vi depongono corone d’alloro.

Come Nguyen Van Troi, erano ragazzi sui vent’anni e sono caduti per liberare il nostro Paese dall’invasore na­zista e dalla piaga fascista.
Affinché il loro sacrificio non sia vano, raccogliamo il testimone. Continuiamo la loro lotta contro i rigurgiti neo-nazisti e neo-fascisti, contro il razzismo e la xenofo­bia, contro il revisionismo e l’opportunismo e, soprattut­to, per abolire il capitalismo imperialista che li genera e li alimenta tutti e per instaurare una società libera dallo sfruttamento e dall’oppressione: la società socialista.

Facciamo nostre le parole che Alcide Cervi, papà Cer­vi, pronunciò ai funerali dei suoi sette figli fucilati dai fascisti: “Dopo un raccolto ne viene un altro, andiamo avanti!”

Dalla lettera della compagna “X” consegnata a Phan Thi Quyen – moglie di Nguyen Van Troi (pag.253):
[…] Non posso essere al tuo fianco per condividere il dolore con te. So che soffri, è normale, ma sono anche certa che ti sentirai orgogliosa. Anche noi ci sentiamo orgogliose di avere un com­pagno la cui morte ha scosso il paese e il mondo intero. Ieri ab­biamo ascoltato “La Poesia”, di Radio Hanoi. Il poeta To Huu, autore di “Avanti”, ha recitato al microfono una poesia dedica­ta a Troi. Ci dispiace non aver copiato le parole, ma tra qualche giorno riceveremo il testo da parte di un gruppo di studenti che raccolgono le poesie di To Huu. I nostri scrittori e poeti hanno usato i termini più nobili per esaltare la figura di “quel grande giovane, la stella più luminosa dall’epoca di Ho Chi Min”.

La sua morte è stata tanto grandiosa che gli studenti e gli operai che conosco dicono: “se si deve morire, che sia come lui”. Hanno ritagliato le sue fotografie dai giornali e le hanno attac­cate alle agende. Un gruppo ne ha raccolte decine e le ha appese una dopo l’altra in sequenza, come se fossero le scene di un film: si vede Troi, da quando esce dalla cella dei condannati a morte fino al momento in cui ha lanciato il suo ultimo appello. La sua vita di semplice operaio elettricista è diventata oggi un esempio glorioso per gli studenti e gli operai.

Alcuni hanno proiettato clandestinamente le immagini girate dai giornalisti dei suoi ultimi momenti di vita. Non sai che un gruppo di giovani ha eretto monumenti in sua memoria nel cuore stesso della città, sul ponte di Da Kao, di fronte allo stadio della Repubbli­ca, e perfino all’interno della stessa prigione di Chi Hoa? Tu sai bene quanto è sorvegliata quella prigione, ma nonostante tutto, un gruppo è riuscito a entrare e collocare una stele accanto al luogo dell’esecuzione. L’hanno anche fotografata prima di ri­tirarsi. Molte delle persone che hanno visto la foto dubitavano che tale azione avesse potuto realmente essere messa in pratica. Più tardi hanno dovuto convincersi della veridicità del fatto, confermato anche dalle stesse guardie della prigione.

Il nemico ha creduto che assassinando Troi, avrebbe colpito a morte il movimento rivoluzionario, ma l’effetto è stato l’esat­to opposto. I nostri compagni vengono a chiederci di affidar loro missioni nelle quali possano liquidare degli yankee per vendi­carlo. La campagna di reclutamento “Diffondere Nguyen Van Troi” ha avuto grande successo. Tutta la nostra “catena” si è impegnata a seguire il suo esempio, il suo modo di fare, le sue parole e la sua vita, […]

Attualità del pensiero politico del Che

che_guevara_html1Cosa significa oggi il pensiero politico di Ernesto Che Guevara? Ecco la domanda che ci poniamo in questa complessa congiuntura politica internazionale, e a distanza di 87 anni dalla sua nascita (14 giugno 1928), quando è giunto il momento di scegliere, parafrasando Rosa Luxemburg, tra socialismo o barbarie.

di Alessandro Pagani

In termini semplici possiamo affermare che secondo noi il Che, non è semplicemente quello delle fotografie, delle magliette o delle statue, ma piuttosto il Comandante Ernesto Che Guevara; eterno guerrigliero eroico. Pertanto, quell’altro Ernesto Che Guevara, è, invero, una riduzione della sua dimensione universale, ragione per cui preferiamo orientare i nostri studi, la nostra prospettiva, verso un Che, politico, economista, poeta e guerrigliero dell’amore, in difesa di quei popoli oppressi che lottano contro ogni imperialismo e neocolonialismo; alla ricerca continua del superamento del conflitto capitale-lavoro a partire dal proprio “Io”, cercando di costruire “l’uomo nuovo”, come prima tappa verso l’assalto al cielo.

Quel Che, conduttore politico, emancipatore sociale, che sognava di abbattere il potere plutocratico e le oligarchie nazionali che impedivano lo sviluppo pieno e assoluto dei popoli in quello che doveva essere, altresì, la creazione di una grande Federazione di popoli e Governi latinoamericani e che Simón Bolívar ebbe a definire: Patria Grande. Questo è il Che nel quale ci rivediamo, quello che proteggeva l’economia nazionale cubana, quando fu ministro dell’industria e dell’economia a Cuba, là dove manifestava che solo con la giustizia e l’eguaglianza sociale, solo attraverso il superamento di talune delle principali categorie economiche e finanziarie capitaliste (la Legge del Valore in primis) saremmo giunti alla costruzione dei “nuestros socialismos”, e solo attraverso di questi, saremmo giunti – non per ultimo – alla costruzione di una grande Federazione di Repubbliche libere dal giogo imperiale della Roma americana (secondo le categorie utilizzate da José Martí). Quel Comandante Che Guevara che agiva in funzione dell’unità di classe, della solidarietà e l’amicizia tra i popoli lavoratori, dell’internazionalismo rivoluzionario, della lotta contro l’imperialismo (inteso come fase superiore del capitalismo e analizzato con precisione da Lenin); rompendo le frontiere geografiche e – finanche – mentali che allora imperversavano in America Latina e non solo. Egli criticava nella prassi la concezione stessa di “repubblichine delle banane” – che tanto piacevano a Washington – invitando a battersi per una grande nazione di Repubbliche e che egli – come prima di lui Bolívar e Martí – ebbe a definire come Patria Grande. Trattasi di un Che antioligarchico, antimperialista, antidogmatico e, quindi, detestato dagli Stati Uniti e nello specifico dalla CIA e dal Pentagono, come lo sono ancora Bolívar e Gramsci, se sappiamo leggere con attenzione il documento di Santa Fe IV, nel quale Simón Bolívar e Antonio Gramsci sono definiti “un pericolo per la sicurezza nazionale degli Stati Uniti”.

D’altro canto, è necessario individuare un progetto attuale del pensiero politico del Che. Ebbene, se noi ci poniamo la domanda: è possibile fare una sintesi del pensiero critico di Ernesto Che Guevara e materializzarlo nel presente? Possiamo senz’altro affermare che il Che, cercava di portare avanti un progetto nel quale si sarebbe dovuta costruire un’America Latina basata sulla Pace con Giustizia Sociale, senza sfruttamento dell’uomo sull’uomo e di questo sulla natura; dove fossero state abolite quelle catene invisibili che alienano e imprigionano gli uomini; quelle che – di fatto – trasformano gli uomini in pure merci di scambio. Ecco, dunque, secondo il Che, il bisogno di realizzare una rottura rivoluzionaria con le principali categorie economiche capitaliste, come la legge del valore all’interno delle relazioni economiche, commerciali e finanziarie in campo internazionale e nella fattispecie all’interno dei paesi del campo socialista di allora; ivi compreso, l’Unione Sovietica. Ecco la necessità di abolire le differenze di classe, ergendo a meta-norma – inteso come principio internazionale – il diritto dei popoli oppressi a sollevarsi con le armi contro la barbarie del capitale. Sicché, anche il Che, come prima di lui Simón Bolívar e José Martí, s’impegnò affinché fosse riconosciuto il diritto dei popoli alla “Guerra Justa”, e che oggi si riflette nella Resistenza dei popoli latinoamericani, in particolare di quello cubano e venezuelano contro le politiche d’ingerenza, di aggressione degli Stati Uniti; contro la guerra di Quarta Generazione (o guerra senza limiti), che Washington, attraverso il Dipartimento di Stato, la CIA e il Pentagono, perpetuano contro i popoli e i lavoratori in tutto il Tricontinente (America Latina, Africa e Asia); con lo scopo di portare a termine il saccheggio delle ricchezze del pianeta.

Nel pensiero politico del Comandante Ernesto Che Guevara, troviamo – senza dubbio – il concetto di autodeterminazione dei popoli; di giustizia sociale, dignità, democrazia e potere popolare.

Sicché tutto il pensiero e la vita del Comandante Ernesto Che Guevara è un inno alla vita, all’autodeterminazione dei popoli e alla costruzione della Patria Grande; una grande e forte Federazione di Paesi, governi e popoli legati dall’amicizia e la fratellanza, dalla cooperazione e dall’internazionalismo. Una cooperazione basata sulla solidarietà, che non deve essere quella di una società “protettrice degli animali” (parafrasando Antonio Gramsci), e come del resto lo sono – effettivamente – le politiche portate avanti dai paesi del centro imperialista (UE e USA) nei confronti della periferia (quella stessa periferia che ogni giorno che passa si fa sempre più centro strategico ed esempio di lotta e speranza per tutti i popoli e i lavoratori coscienti nel mondo). Per questo la necessità di porre in essere un nuovo modello di cooperazione e solidarietà internazionale tra i popoli, attraverso l’esempio che viene da quello che ancora oggi rappresenta per tutti un faro e un esempio di libertà: Cuba Socialista, con le sue importanti missioni mediche in Africa (e non solo); delle sua missione “Yo, si puedo” che ha reso possibile l’alfabetizzazione di circa 8 milioni di persone in tutto il mondo; oppure la “Operación Milagro” che ha curato la vista a milioni di latinoamericani in meno di dieci anni. Ecco, dunque, un esempio concreto – di cooperazione all’interno di quello che i politologi definiscono le nuove triangolazioni (America Latina – Cina – Russia) e il nuovo paradigma SUR–SUR e che di certo sono un interessante punto di partenza per il superamento delle principali categorie e leggi capitaliste quivi summenzionate.

Se qualcuno dovesse domandare una definizione precisa sul Comandante Ernesto Che Guevara, potremmo affermare che in lui spicca la visuale di un notevole statista politico, di un grande economista e filosofo; di un importante pensatore politico. Di un grande guerrigliero e combattente rivoluzionario comunista, là dove a muovere il suo fucile non era il suo braccio, in un movimento spontaneo di riflessi e pulsioni, ma il suo pensiero critico del reale, vale a dire quella teoria rivoluzionaria che già altri grandi rivoluzionari nella storia (come Lenin, Fidel, Mao Tse-Tung, Ho Chi Minh e il Comandante Von Nguyen Giap) seppero trasformare in prassi per la trasformazione dello stato di cose presenti. La politica che guida le armi, come spiegò il Generale Giap, ma prima ancora lo stesso Fidel, e non le armi che guidano la politica, come vorrebbero far credere certi pennivendoli al servizio del nemico: l’imperialismo yankee.

Sicché, il Che è anche quel rivoluzionario che seppe far proprio quei principi etici e morali che tanto predicano talune borghesie “illuminate” (che tanto illuminate non sono) senza però saperle mettere in pratica: la lotta contro la corruzione, contro il burocratismo, contro il non lavoro e che in una società socialista si trasforma in parassitismo e vigliaccheria.

Il Che rappresenta – oggi – il forgiatore di un Nuovo Diritto Internazionale americano, lo stratega di una guerra rivoluzionaria, dell’unità civica-militare all’interno della lotta contro la guerra mediatica, economica e psicologica che gli Stati Uniti del Nord America portano avanti nell’emisfero occidentale. Tutto il suo ideario politico e rivoluzionario è il motore per un nuovo paradigma, oggi così in auge in America Latina e che si chiama “Nuestra América”.

Dunque, il pensiero politico del Che – come quello di Simón Bolívar e Martí, di Marx, Lenin e Fidel – è quello dell’utopia come base per andare avanti verso quell’orizzonte bolivariano e martiano che è la “Patria Grande”; che supera il concetto geografico di America Latina e Caraibi, per abbracciare e coinvolgere tutti i popoli in lotta in ogni angolo del pianeta.

Per raggiungere tale meta è necessario che ogni rivoluzionario sia capace di sentire la sofferenza dell’altro essere umano sulla propria pelle e, quindi, il dovere di ogni rivoluzionario di attuare una trasformazione sociale, là dove le condizioni oggettive e soggettive lo permettano. In questo senso, il Che si riferisce al volo verso l’orizzonte; dell’assalto al cielo, del “deber ser y debemos cumplir”, che è l’essenza di ogni rivoluzionario che in ogni angolo del mondo lotta contro ogni genere di ingiustizia; parafrasando il Che potremmo affermare che a tutti noi tocca “di essere realisti, di ricercare l’impossibile”, perché del “possibile” se ne stanno già occupando le classi borghesi al potere, gli Stati Uniti del Nord America e l’Unione Europea, intesi come blocchi imperialisti rappresentanti di un più sofisticato e complesso blocco plutocratico e finanziario che dirige l’ordine internazionale.

Sicché, siffatta lotta per ottenere l’impossibile deve sempre guardare avanti, verso l’orizzonte, confutando concetti inquietanti come la “fine della storia” di Francis Fukuyama e che gli eventi storici hanno dimostrato – nei fatti – di essere erronei; e cioè, che oggi più che mai la lotta di classe e quindi la battaglia delle idee (parafrasando Fidel Castro), vale a dire: la lotta ideologica tra teoria rivoluzionaria e teoria borghese, è ancora in auge. Le guerre imperialiste, lo sfruttamento dell’uomo sull’uomo e sulla natura, lo scontro capitale–lavoro, la lotta di classe non sono da considerarsi un “incidente della storia”, ma rappresentano la sua essenza, giacché – come ebbe a dire Marx – la storia dell’umanità è sempre stata lotta di classe; laddove la Rivoluzione d’Ottobre – passando da Spartaco alla Comune di Parigi – rappresenta lo spartiacque tra preistoria e storia contemporanea.

Insomma, quello che crediamo sia importante è cominciare a porre in essere un’analisi dialettica del pensiero critico del Che; poiché l’uomo, inteso come soggetto che vive una propria crisi interiore del conflitto capitale-lavoro, abbisogna della ricerca continua di quel orizzonte rivoluzionario, di trasformazione socio-politica, verso la costruzione di una società basata sulla giustizia e l’eguaglianza sociale, dove i rapporti sociali non subiscano l’alienazione tipica che caratterizza l’odierna società tardo capitalista; dove gli esseri umani, per il loro ruolo all’interno del sistema di produzione capitalista, non si trasformino in pure merci.

Ed ecco, pertanto, la necessità di lottare al fianco dei popoli della cosiddetta periferia dell’impero e impegnarci anche qui in Europa nella realizzazione di quel sogno bolivariano e martiano che è la costruzione di una “Patria Grande”, sostenendo istituzioni e organismi internazionali come l’ALBA, UNASUR e la CELAC, come modello alternativo all’Unione Europea delle banche e che possano porre fine alla crisi strutturale del capitalismo; verso la costruzione di un mondo migliore che solo può essere nel Socialismo.

JULIO ANTONIO MELLA E I SEMI DELLA RIVOLUZIONE*

 

 

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di Alessandro Pagani

“Hasta después de muertos somos útiles” ebbe a scrivere Julio Antonio Mella. Oggi ad oltre 85 anni dall’assassinio avvenuto in Messico, del Ventiseienne combattente rivoluzionario cubano, da parte di un commando paramilitare al soldo del fascismo mussoliniano, la sua morte è ancora sentita nel mondo antimperialista e antifascista che lotta per la costruzione di un mondo basato sulla pace con giustizia sociale.

J. A. Mella nacque il 25 marzo 1903 a La Habana. Suo padre proveniva da Santo Domingo e sua madre, Alicia Mac Partland, era irlandese. Inizialmente frequentò un collegio religioso, dal quale venne espulso per la sua attività rivoluzionaria e ribelle; successivamente si trasferì all’Accademia “Newton” dove ebbe come maestro e amico il rivoluzionario messicano Salvador Diaz Miròn, che a sua volta era stato amico e allievo di José Martì.
Nel 1921, Mella si iscrisse all’Università “Alma Mater” de La Habana e in quei primi anni come universitario, non pochi furono gli avvenimenti che accesero il suo fervore rivoluzionario. Tra questi – senz’altro – la Rivoluzione Bolscevica e quella di Francisco “Pancho” Villa e Emiliano Zapata in Messico, con la Costituzione di Queretero, che ebbero una grande influenza nella sua formazione politica e su tutto il proletariato cubano rafforzando, nel 1921, il già esistente movimento di protesta contro l’imperialismo, la tirannia e la corruzione, che si alzava tra gli operai, i contadini e gli studenti a Cuba (e in tutto il mondo).
Questi due eventi, sommati alla rabbia di un popolo – quello cubano – che vedeva trasformata la propria patria in una colonia dove dominavano disoccupazione, miseria, prostituzione, mortalità elevatissima dell’infanzia, il capitale straniero e il latifondo, crearono le condizioni per una lotta di emancipazione all’interno della società cubana. Mella fu uno dei principali ispiratori di questa battaglia.
Quando si presentò all’Università il ministro dell’Istruzione, Eduardo Gonzalez Manet, per inaugurare l’anno accademico (1922-23), Julio Antonio Mella era alla guida di una manifestazione di protesta con gli studenti, che seguivano con trepidazione la lotta in corso in Argentina e in Perù per la riforma universitaria. Essi avvertivano, che le lotte studentesche in corso in tutta l’America Latina non erano disgiunte da quanto stava accadendo a Cuba, giacché facevano parte di una questione assai più complessa di una semplice riforma studentesca: in gioco era la questione della lotta per la liberazione dei popoli oppressi dal giogo imperialista.
Ciò detto, la gioventù cubana comprendeva che non poteva rimanere indietro e che all’università de La Habana si dovevano rinnovare i piani e i metodi di studio, cacciare i professori inetti, reazionari, corrotti, servi del clero e dell’imperialismo. Nel novembre del 1923 su proposta di Mella si realizzerà il Primo Congresso Nazionale degli studenti, dove lui verrà eletto presidente, sconfiggendo l’ala reazionaria e filogovernativa. Il Congresso non solo discuterà il contenuto della riforma universitaria, ma saluterà con gioia i popoli lavoratori e la classe operaia dell’Unione Sovietica, condannerà l’imperialismo, si opporrà ad ogni interferenza clericale nella scuola e accoglierà la proposta di creare l’Università Popolare “José Martì”, della quale Mella diverrà uno dei suoi migliori insegnanti. Questa grande esperienza universitaria aperta ai lavoratori sarà ostacolata, sabotata, per poi venire espulsa dal recinto universitario e infine soppressa dal governo.
L’acutezza politica di Mella indicherà invero la necessità che gli studenti marcino al fianco della classe operaia, senza la quale non ci potrà essere rivoluzione universitaria. La sua convinzione è tale che inizia a frequentare assiduamente il movimento operaio, collaborando con essi. Una delle prime azioni degli operai e studenti uniti è quella contro il regime fascista di Benito Mussolini, che aveva inviato nell’isola caraibica la nave da guerra “Italia” come strumento di propaganda fascista (settembre 1924). Per quattro giorni, la protesta si svolge davanti all’ambasciata italiana de La Habana scontrandosi con la cruenta reazione della polizia fascista di Gerardo Machado.
Il 16 agosto del 1925, assieme a Carlos Balino, amico di José Martì, Mella fonda il Partito Comunista Cubano e la “Liga Antimperialista”, impostando la lotta per l’abolizione dell’Emendamento Platt, che aveva trasformato Cuba in un protettorato statunitense.
Sarà solo nel 1933 che il movimento rivoluzionario cubano – che riuscì ad abbattere la dittatura fascista di Machado (il “Mussolini tropicale”, come ebbe a definirlo lo stesso Mella) – riesce a sopprimere siffatto emendamento. “Delenda est Wall Street, por la Justicia Social en América!”, erano le parole d’ordine del movimento politico guidato dal giovane rivoluzionario cubano.
Il 27 novembre 1925, Mella viene arrestato mentre si stava recando a un’assemblea operaia. L’accusa è per “atti terroristici”. Rinchiuso in carcere, cercano di deportarlo in un altro edificio. Mella comprende che l’intenzione è quella di assassinarlo, applicando contro di lui la “ley de fuga”, e, pertanto, comincia a urlare, a strepitare, per attirare l’attenzione degli altri prigionieri politici che popolavano l’arcipelago delle carceri fasciste vigenti allora a Cuba.
Successivamente, tenteranno di ucciderlo in carcere, ma non ci riusciranno. Nasce un Comitato di protesta per la sua scarcerazione. Il tiranno risponderà con spavalderia: “Mella rimarrà in galera finché lo vorrò io”, il giovane combattente cubano, inizierà uno sciopero della fame, dal 5 al 23 dicembre. Dopo 11 giorni ha un collasso. Fuori dal carcere la protesta diventa massiccia: nelle fabbriche, nelle scuole, nelle piazze, si chiede giustizia e libertà per il fondatore del Partito Comunista Cubano; inutili le repressioni della polizia politica verso le avanguardie operaie e studentesche, la rabbia popolare è incontrollabile.
Il suo avvocato è il poeta Ruben Martinez Villena, che si recherà da Machado a chiedere il rilascio del prigioniero politico. Riferendosi al dittatore cubano, egli dirà che era: “un asno con garras” (un asino con gli artigli). Finalmente Mella viene scarcerato, ma dovrà andarsene dall’isola (gennaio 1926).
Negli anni che seguirono Mella si dimostrerà un grande quadro politico. In Messico lotterà al fianco del popolo messicano e fonderà l’Associazione degli Emigrati Rivoluzionari Cubani, là dove pubblicherà il loro organo ufficiale: “Cuba Libre”.
Prima del suo assassinio per mano di sicari al soldo di Machado e Mussolini e con l’egida dell’imperialismo yankee, Mella avrà modo di distinguersi ancora per le varie denuncie pubbliche contro i crimini del fascismo mussoliniano.
Mella, visse anche una grande e importante relazione d’amore con l’artista, fotografa e combattente antifascista italiana Tina Modotti. Era assieme a lei in quella fatidica sera del 10 gennaio 1929, quando venne assassinato dall’agente Magrinat, assieme ad altri due sicari mandati da Machado in combutta con la OVRA (il servizio di spionaggio di Mussolini).
Per ricordare siffatti momenti, è necessario prendere spunto dalle parole di Vittorio Vidali in un suo articolo per il “Calendario del Popolo” (Nn. 333-334, luglio-agosto 1972) in cui scrive: “La sera del 10 gennaio 1929 eravamo riuniti nella sede del Soccorso Rosso. Mella, incaricato della sezione legale, presenta lo statuto del futuro segretariato del Soccorso Rosso Internazionale per i Caraibi. Lo statuto viene approvato; usciamo e ci salutiamo. Mella, accompagnato da Tina Modotti, si dirige verso casa, ma prima di arrivarci viene colpito da due revolverate. Arriva ancora a dire: “Machado me he mandado a matar. Magrinat tiene que ver con esto. Muero por la Revoluciòn”.
Le ceneri furono portate a Cuba, ma il governo di allora cercò di vietare ogni tipo di tributo a quel giovane rivoluzionario che dedicò tutta la sua vita, la sua “meglio gioventù”, la sua intelligenza, il suo impegno alla causa in difesa dei poveri, degli sfruttati e degli umiliati. Oggi il suo esempio, come quello di altri rivoluzionari morti perché lottavano per un mondo socialista – come furono i casi del Comandante Ernesto Che Guevara e di Antonio Gramsci – e più vivo che mai.
A Cuba, nel simbolo della Uniòn de los Jovenes Comunistas (UJC) vi sono disegnati: Julio Antonio Mella, il Che e Camilo Cienfuegos. Questi uomini, così semplici nei loro modi di fare, ma allo stesso tempo capaci di realizzare grandi gesta eroiche non sono da considerarsi solo e unicamente il patrimonio della gioventù e del popolo cubano, bensì di tutti i popoli lavoratori che credono nella solidarietà e l’amicizia tra i popoli come base per la costruzione di un mondo di pace con giustizia sociale. Una ragione – questa – per rafforzare i rapporti culturali e di amicizia tra il popolo italiano e quello cubano, partendo dal presupposto irrinunciabile che un altro mondo non solo è possibile, ma necessario e che dopo il neoliberalismo ci sarà ancora vita come ci insegnava Julio Antonio Mella.

*Di Alessandro Pagani

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Bibliografia:

Adys Cupull y Froilàn Gonzalez, Julio Antonio Mella en medio del fuego: un asesinato en México, Ediciones Abril, La Habana, 2006;

Adys Cupull – Froilàn Gonzalez, Julio Antonio Mella e Tina Modotti contro il fascismo, Edizioni Achab, Verona, 2005;

Autores varios, Mella 100 años, (Tomo 1) Editorial Oriente, Ediciones La Memoria, Santiago de Cuba/La Habana, 2003;

Autores varios, Mella 100 años, (Tomo 2) Editorial Oriente, Ediciones La Memoria, Santiago de Cuba/La Habana, 2003;

I MOVIMENTI DI PROTESTA CONTRO LA GUERRA IN VIETNAM NEGLI STATI UNITI*

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di Alessandro Pagani

Gli anni della protesta contro la guerra in Vietnam furono quelli con la maggiore divisione interna negli Stati Uniti dai tempi della guerra civile. Un importante settore della popolazione si mobilitava per chiedere l’immediato ritiro di tutte le truppe di occupazione statunitensi dall’Indocina.

Iniziata da pochi giovani studenti delle principali università, la protesta crebbe parallelamente all’estendersi delle violenze perpetrate dai marines e dalla CIA ai danni della popolazione civile in Vietnam. Nonostante l’eterogeneità tra i vari settori del movimento e la repressione condotta dal governo mediante l’impiego della forza militare, il movimento contro la guerra riuscì a rappresentare un importante fattore di indebolimento della politica imperialista nordamericana.

1. I semi della protesta contro la guerra in Vietnam

Per individuare l’origine del movimento è necessario fare un passo indietro agli anni Cinquanta, subito dopo la fine del secondo conflitto mondiale. La società statunitense era caratterizzata da un clima conservatore, maccartista, base e sostegno della politica da guerra fredda.

Sul piano esterno, con la fine della seconda guerra mondiale, gli Stati Uniti si tramutarono nel centro propulsore del terrorismo capitalista internazionale, sentendosi nel diritto di svolgere il ruolo di gendarme del mondo, contro il cosiddetto “pericolo rosso”. Mentre i dividenti miliardari delle grandi multinazionali statunitensi assicurarono un patto sociale di carattere neo-corporativo nel quale le burocrazie dei principali sindacati statunitensi, assieme ad altri settori della cosiddetta società civile, costituirono un’alleanza col blocco sociale al potere. Tutto ciò pose fine a quasi un secolo di lotte sindacali, permettendo l’estendersi del consenso nell’opinione pubblica statunitense, intorno alla politica interna ed estera.

La spesa pubblica degli Stati Uniti crebbe spropositatamente, fomentando la produzione per fini bellici. L’intervento del settore militare non risparmiò nemmeno la ricerca scientifica: l’influenza del Pentagono e della CIA su settori come la chimica ella biologia fu totale.

Rappresentativa del clima di quegli anni fu la condanna a morte dei coniugi Rosenberg.

Ciò che si consolidò durante tutto il decennio degli anni Cinquanta fu l’alienazione delle persone dal complesso sistema dei rapporti sociali; il cittadino statunitense fu portato a elaborare i propri pensieri meccanicamente e a comportarsi come un individuo avulso dall’insieme della società, il cui unico orizzonte e rifugio era diventato l’alveo della famiglia bianca di classe media, considerata la cellula fondamentale del sistema nordamericano. Venne parallelamente implementata una vera e propria operazione di ingegneria sociale: la creazione di quartieri dove furono ghettizzati interi settori appartenenti alle classi sociali subalterne, soprattutto delle minoranze afroamericane, ispaniche e cinesi.

Tale situazione divenne insostenibile per la comunità nera, che iniziò a organizzare le proprie rivendicazioni a partire dalla questione dei diritti civili, per giungere a una critica complessiva del sistema socioeconomico.

Questa esperienza di lotta sensibilizzò notevolmente le coscienze delle giovani generazioni degli anni Sessanta. Nello specifico ciò avvenne tra gli studenti delle università, che compresero il significato politico delle contestazioni afroamericane e l’importanza di appoggiarne le rivendicazioni.

E’ in questo contesto che va individuata l’accumulazione delle forze che si misero in moto per protestare contro la guerra in Vietnam.

Agli albori degli anni Settanta la lotta degli afroamericani contro il razzismo e la segregazione secolare era abbastanza matura da permettere a Martin Luther King di dare battaglia contro la violenza di classe perpetuata dagli Stati Uniti sui propri cittadini. King, forse, non seppe dirigere il movimento di protesta come in tanti avrebbero voluto, ma con il suo attivismo politico riuscì a favorire e accompagnare il risveglio della comunità nera da quella “atmosfera di novocaina”, vale a dire da quel senso di rassegnazione e passività in cui era imprigionata (Cleaver, 1969). La più grande mobilitazione afroamericana avvenne in quel lontano e retrogrado Sud degli Stati Uniti in cui la violenza e la repressione fascistoide e xenofoba da parte del Ku Klux Clan (gruppo di mercenari razzisti al soldo del capitale agrario meridionale) sembravano condannare la comunità nera a un sistema di oppressione senza via d’uscita (Marine, 1971).

Nello stesso tempo si costituirono diverse organizzazioni di solidarietà in seno ai giovani bianchi, tra le quali vi era l’NSM (Movimento Studentesco del Nord) fondato nel 1962, che vide militare nelle sue file studenti come Abbie Hoffman, il quale divenne uno dei leader durante le proteste contro la guerra in Vietnam.

Nel biennio 1963-64 le rivendicazioni all’interno della stessa comunità afroamericana si elevarono sensibilmente.

All’inizio degli anni Sessanta cominciarono a conquistare grande risonanza i discorsi e i proclami rivoluzionari di Malcom X, che fu assassinato nel 1965 nel quadro della repressione militare e poliziesca di cui furono sistematicamente oggetto i movimenti d’avanguardia negli Stati Uniti.

Nell’estate del 1964 ci furono le proteste di Watts, il ghetto nero di Los Angeles (Canot, 1970).

Questa radicalizzazione da parte della gioventù è da considerarsi come un momento chiave per la lettura del movimento di protesta negli Stati Uniti, e permise l’emergere di una serie di nuove leve rivoluzionarie come Eldrige Cleaver, Bobby Seale, Huey P. Newton e Rap Brown.

2. Formazione e consolidazione della protesta.

I semi della protesta contro la guerra in Vietnam, che vanno collocati a cavallo tra la fine degli anni Cinquanta e i primi anni Sessanta, cominciarono a far germogliare i propri fiori.

I movimenti studenteschi furono i protagonisti della prima fase della protesta contro la guerra.

L’SDS (Studenti per una Società Democratica) nacque negli anni Sessanta dopo essersi allontanata dalla vecchia organizzazione studentesca, la SLID (Lega Studentesca per una Democrazia Industriale), che dal 1921 aveva raggruppato vari settori di socialisti e progressisti nelle università del paese.

Nel 1962, l’SDS si riunì a Port Huron, Michigan, e pubblicò una dichiarazione d’intenti che avrà una profonda ripercussione sul movimento giovanile studentesco di allora. In questa dichiarazione si proclamava la ricerca di una “democrazia partecipativa e diretta”, che avrebbe dovuto ampliare gli elementi democratici a tutti i livelli della società. Ispirata agli scritti di Herbert Marcuse e Wright Mills, la Dichiarazione di Port Huron si convertì in uno dei manifesti più letti e discussi della “Nuova Sinistra”. L’SDS divenne una delle maggiori organizzazioni durante i primi anni di protesta contro la guerra (Harwey, 1966).

Nel 1964, l’amministrazione universitaria di Berkeley proibì una serie di conferenze e sit-in pubblici organizzati dagli studenti in solidarietà con la lotta degli afroamericani, definendoli come politically incorrect per l’immagine dell’università. La decisione dell’amministrazione universitaria fu la goccia che fece traboccare il vaso. Gli studenti cominciarono ad adottare le tattiche già utilizzate dagli afroamericani nel Sud. A causa del susseguirsi di arresti indiscriminati (oltre 800 studenti), sorse il “Free Speech Movement” (Movimento per la Libertà di Espressione), guidato da Mario Savio. I successi ottenuti rafforzarono l’intero movimento studentesco.

Il 17 aprile, l’SDS convocò la prima giornata di protesta contro l’intervento imperialista in Vietnam, con la partecipazione di oltre 20.000 persone a Washington. La manifestazione fu un momento di grande rilevanza politica, dato che per la prima volta un’organizzazione studentesca aveva potuto riunire soggetti politici differenti, sulla base del totale disprezzo nei confronti della guerra e del saccheggio promossi dal governo.

Anche la musica veniva intrinsecamente legata alla protesta. Cantanti come Bob Dylan e Phil Ochs si convertirono in portavoce della sensibilità più profonde della protesta contro la guerra.

Nell’agosto del 1965 si riunì a Washington l’assemblea degli “uomini senza rappresentanza”, in commemorazione del Ventesimo anniversario della catastrofe nucleare di Hiroshima e Nagasaki. Parteciparono non pochi gruppi formati da nativi americani, indipendentisti portoricani, rappresentanti del Catholic Worker, donne della WSP e leaders dell’SDS. Dalla plenaria nacque il NCCEWV (Comitato Nazionale per porre fine alla guerra in Vietnam), che contava su una trentina di organizzazioni.

Proprio in quei giorni aumentava in maniera drammatica l’aggressione contro il Vietnam: in gennaio il numero di truppe statunitensi su suolo vietnamita era arrivato a 50.000 effettivi; alla fine dell’anno solare era cresciuto a 200.000. Nell’ottobre del 1965 il NCCEWV indisse la sua prima giornata nazionale di protesta contro la “sporca guerra”: 25.000 persone marciarono nella città di New York, 10.000 a Berkeley, mentre in tutto il paese parteciparono all’incirca 100.000 persone.

Poco a poco la resistenza comunista vietnamita trovò numerosi simpatizzanti in seno alla gioventù statunitense. La figura di Ho Chi Minh, per i giovani che partecipavano contro la guerra in Vietnam, venne elevata a livello di eroe.

L’altro importante settore della società nordamericana, che con lo svilupparsi degli eventi ebbe un ruolo di grande rilevanza nella protesta contro la guerra, fu il movimento afroamericano. Nel 1964, mentre da un lato il pacifismo di King raggiungeva il suo culmine con l’ottenimento del premio Nobel per la Pace, si cominciava a sentire all’interno stesso del suo movimento il rumoreggiare di un processo di radicalizzazione.

La rivolta popolare di Watts fece riflettere moltissimi giovani bianchi sull’importanza di aprire gli occhi e di prendere posizione contro il proprio governo.

Nel 1966 a Oakland, California, Huey P. Newton e Bobby Seale formarono il Blacks Panthers Party for self-defense (il Partito delle Pantere Nere per l’auto difesa), che cercavano di fomentare un processo rivoluzionario attraverso il lavoro sociale nei ghetti delle grandi metropoli statunitensi ed educando la propria comunità all’autodifesa dal terrorismo di Stato. Il Partito delle Pantere Nere criticò aspramente la strategia politica di altre organizzazioni nere. Nello specifico non condivideva la politica di esclusione di tutti quegli studenti bianchi della classe media nordamericana che da anni si opponevano alla guerra e si esprimevano in solidarietà alla comunità afroamericana. Le Pantere Nere si unirono alle proteste contro la guerra, esplicitando altresì l’alleanza con il movimento studentesco (Seale, 1971). La reale volontà da parte dei settori rivoluzionari del movimento afroamericano di unire le proprie forze con il movimento studentesco bianco si scontrava con le politiche fino allora espresse in numerosi suoi discorsi dallo stesso King. Il reverendo King considerava ancora che gli afroamericani avrebbero dovuto concentrare i propri sforzi nella lotta contro la discriminazione razziale e che la protesta contro la guerra in Vietnam avrebbe sviato le forze del movimento su questioni non fondamentali per la propria lotta. Riteneva assai importante, per gli interessi della comunità nera, mantenere e dove fosse possibile ampliare, l’alleanza con i dirigenti del Partito Democratico, in particolare con i presidenti John F. Kennedy e Lyndon Johnson, Per non rischiare di compromettere le sue relazioni, King trattò in questa fase di mantenersi passivo rispetto alla tematica della guerra.

D’altro canto, durante gli ultimi mesi del 1966 e i primi mesi del 1967 sorgevano, intorno a King, nuove voci che cercavano di persuaderlo nel cambiare linea politica e d’intraprendere un’azione più diretta contro il governo. Tra questi va segnalato il giovane Jesse Jackson.

King, influenzato positivamente dalle tesi politiche espresse da Jackson, lanciò una nuova linea di aperta condanna contro la guerra in Vietnam, contro il sistema capitalista e di ricerca di unità con la classe operaia statunitense. Ciò portò da una parte alla rottura con il presidente Johnson e a un avvicinamento ai radicali; dall’altra, al materializzarsi di un’esplicita critica al riformismo e all’attendismo (liberal) di quegli anni (Naso, 1993).

Il campione del mondo dei pesi massimi Mohamed Ali fu spogliato del suo titolo per essersi negato a prestare il servizio militare, dichiarando: “laggiù inviano musi neri a uccidere musi gialli, affinché dei bianchi possano appropriarsi della terra che vogliono rubare ai rossi” e infine disse: “nessun Vietcong mi ha mai chiamato sporco negro”.

Non pochi gruppi che si opponevano alla guerra in Vietnam si conformarono in ogni angolo degli Stati Uniti.

Los Chicanos, capeggiati da Cesar Chavez, avevano cominciato nel 1965 a organizzare gli operai agrari dell’industria fruttifera californiana. Così come gli afroamericani, inizialmente, anche Los Chicanos iniziarono a lottare per ottenere riforme settoriali, ma col passare del tempo compresero che i risultati delle loro rivendicazioni sarebbero stati effimeri qualora non fossero passati a una lotta politica contro il sistema economico capitalista.

Dalle Università ai quartieri popolari, dal profondo Sud fino a Washington D.C., il carattere popolare della protesta, che gli statunitensi chiamavano gross-roots. come se fosse un torrente in piena, rafforzava la protesta. Alla fine del 1967 il movimento di protesta contro la guerra in Vietnam sembrava ormai consolidato.

3. La fase più acuta

L’anno 1968 fu quello con il più alto grado di conflitto e cominciò con l’intensificarsi della guerra imperialista in Vietnam. In quell’anno la presenza statunitense arrivò a mezzo milione di soldati. Nonostante la stampa embedded statunitense cercasse di nascondere i crimini commessi dalle proprie truppe, una parte dell’opinione pubblica statunitense si rese conto del vero volto della guerra.

il 4 aprile del 1968, durante un comizio a Memphis, anche Martin Luther King fu assassinato da un sicario. La reazione di fronte a questo ulteriore atto di terrorismo di Stato fece esplodere i quartieri popolari delle maggiori città statunitensi. L’omicidio di King non fu il gesto isolato di qualche razzista, ma una fase dell’operazione militare di repressione del dissenso politico sistematicamente condotta in quegli anni.

Il Convegno del Partito Democratico di agosto a Chicago si convertì nel centro di vastissime e imponenti attività di lotta. Tutti i principali gruppi di protesta erano presenti: le Pantere Nere marciarono per le strade, i giovani dell’SDS, occuparono con le loro tende il Lincoln Park. All’imbrunire del giorno il sindaco di Chicago, Richard Daley, ordinò alla polizia di “ripulire l’immondezzaio che occupa abusivamente le strade di Chicago”.

Le proteste di Chicago vennero schiacciate.

Alle presidenziali dello stesso anno si impose il falco repubblicano Richard Nixon, che cavalcava un becero nazionalismo sintetizzato dal suo slogan sulla “pace con onore”, che implicitamente accusava gli oppositori alla guerra di voler svendere la dignità nazionale, con la complicità del Partito Democratico.

I settori di opposizione alla guerra in Vietnam si resero conto di cosa in realtà significasse per Nixon la cosiddetta “pace con onore”, e come questa comportasse nient’altro che una nuova strategia di guerra, per mezzo dell’intensificarsi dei bombardamenti con armi chimiche sul Vietnam e di operazioni militari sotto false flag (falsa bandiera) nel Laos e in Cambogia; dove gruppi di mercenari assoldati e addestrati dalla CIA, compivano azioni paramilitari contro la popolazione civile trattando di farne ricadere la responsabilità sui Vietcong.

Parallelamente continuarono a crescere le azioni repressive del governo, che attraverso ondate di arresti e omicidi, portarono alla fine del 1969 alla disarticolazione delle principali organizzazioni di opposizione alla guerra, compreso il Partito delle Pantere Nere, considerato all’epoca la maggiore minaccia per la sicurezza nazionale.

In quegli stessi mesi si resero pubbliche le foto del terribile massacro perpetrato dai marines ai danni di anziani, donne e bambini nel piccolo villaggio vietnamita di My Lai.

Si decise di convocare una grande giornata nazionale di protesta contro la guerra per il 15 ottobre, denominata Vietnam Moratorium Day.

La manifestazione ebbe un risultato sorprendente: nonostante l’indebolimento organizzativo oltre 600.000 persone in tutti gli Stati Uniti risposero positivamente scendendo in strada.

Alla fine di aprile del 1970 una serie di manifestazioni contro l’invasione militare della Cambogia si svolsero in moltissime università statunitensi. Nell’università del Kent State, Ohio, quattro studenti furono assassinati per mano della Guardia Nazionale. Non pochi furono gli scontri e le rivolte in quasi tutte le università degli Stati Uniti. Oltre 500 università – per ordine della Casa Bianca – furono chiuse, mentre circa 20 furono occupate militarmente dalla Guardia Nazionale. Il 9 maggio, centinaia di migliaia di lavoratori e studenti s’incontrarono a Washington, sotto la Casa Bianca, per denunciare la criminalizzazione del movimento studentesco.

Nel 1970, di fronte al prolungarsi della guerra, alla diffusione del malcontento interno e alle sempre maggiori capacità militari della Resistenza vietnamita, i senatori contrari al proseguimento della guerra ottennero la revoca dei poteri illimitati di cui aveva goduto il Presidente a partire dalla Risoluzione del Golfo di Tonchino.

4. L’ultimo periodo

La fase successiva del movimento si caratterizza per la divisione interna tra i settori sopravvissuti alla campagna militare e giudiziaria condotta ininterrottamente contro di esso e per la sua progressiva riduzione entro vie più istituzionali. La repressione aveva colpito in modo particolarmente pesante le avanguardie del movimento e all’inizio del 1971 divenne chiaro che l’esito positivo delle grandi proteste del 1970 non era sufficiente a unificarlo. Si formarono due principali correnti. La NPAC (Coalizione Nazionale d’Azione per la Pace), che chiedeva il ritiro immediato dei marines dal Vietnam e rifiutava l’appoggio al Partito Democratico, e il PCPJ (Coalizione Popolare per la Pace e la Giustizia), che proponeva di fissare una data per il ritiro delle truppe e prediligeva una propria partecipazione attiva al processo elettorale. La disputa tra il NPAC e il PCPJ si acutizzò quando il senatore McGovern annunciò la sua candidatura per le elezioni presidenziali del novembre 1972. Il PCPJ sostenne apertamente la campagna presidenziale nei campus universitari, mentre la NPAC criticò aspramente la scelta, considerando fosse destinata a indebolire l’azione di opposizione alla guerra in Vietnam. L’aspro confronto tra la NPAC e il PCPJ contribuì a deteriorare ulteriormente il movimento.

Nel gennaio del 1972 Richard Nixon annunciò un’iniziativa consistente nel ritiro graduale di tutte le truppe statunitensi, In questa maniera ripresentò furbescamente la sua cosiddetta “pace con onore”, negoziata e graduale.

Se da una parte la proposta di Nixon rifletteva il delinearsi della vittoria vietnamita attraverso la Guerra del popolo del Generale Vo Nguyen Giap, dall’altra la mossa del presidente degli Stati Uniti sembrava indirizzata a “strappare dalle mani” di MoGovern la bandiera della pace. La tattica gattopardesca attuata da Nixon era chiara: già non si trattava più della dicotomia tra guerra e pace, ma piuttosto tra una “pace negoziata” e una “pace immediata”.

La sconfitta del candidato del Partito Democratico si abbatté sul movimento di protesta contro la guerra, poiché in molti avevano riposto tutte le loro speranze nella vittoria di McGovern.

Alla fine del 1972, l’aviazione nordamericana realizzò i bombardamenti su Hainoi e Haiphong. Questa volta le manifestazioni di protesta non ebbero la forza del passato. L’obiettivo del movimento non andava ormai oltre l’ottenimento della pace e le attese si concentravano solo sui dialoghi di Parigi.

il 27 gennaio del 1973, Kissinger per gli Stati Uniti e Le Duc Tho, a nome della Repubblica Democratica del Vietnam, firmarono l’accordo che prevedeva il ritiro delle truppe USA e la legittimazione del governo rivoluzionario del Fronte di Liberazione Nazionale del Sud Vietnam. In violazione degli accordi di Parigi gli Stati Uniti non cessarono il proprio coinvolgimento e la guerra proseguì tra l’esercito sudvietnamita sostenuto dagli Stati Uniti e le forze popolari del Sud e del Nord Vietnam.

Il movimento di protesta negli Stati Uniti produsse ancora solo le manifestazioni volte a ottenere l’amnistia per gli oltre cinquecentomila giovani nordamericani che rifiutavano di trasformarsi in carne da cannone per gli imperialisti. Obiettivo che venne conseguito alcuni anni dopo con l’amministrazione Carter.

Angela Davis aveva insistito sull’importanza di sviluppare un grande e forte movimento di opinione contro il capitalismo. Ma il movimento non aveva le energie interne per fare complessivamente un salto di qualità politico. Non è stato in grado durante il suo percorso di realizzare gli obiettivi dei suoi migliori e più lungimiranti esponenti, forgiando una vera e propria opposizione di classe. Tuttavia la protesta contro la guerra creò, pur nella parabola, notevoli problemi alle varie amministrazioni statunitensi, che dovettero elevare gli omicidi selettivi e il terrorismo di Stato al rango di comune prassi.

Governo e apparato bellico nordamericano non poterono contare in modo continuativo su quell’egemonia interna che gli aveva assicurato la libertà di manovra per gettarsi nell’avventura bellica indocinese. E non hanno potuto evitare che i guerriglieri vietcong liberassero completamente Saigon il 30 aprile 1975: la “sporca guerra” terminava definitivamente con l’immagine dei resti del regime sudvietnamita che fuggivano in elicottero dal tetto dell’ambasciata statunitense.

Di Alessandro Pagani

*(Scheda storica tratta dal libro di Phan Thi Quyen, Vivere come lui. Nguyen Van Troi, simbolo della lotta di liberazione del Vietnam, Zambon Editore, 2014).

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BIBLIOGRAFIA:

ALOISI Massimo, La guerra chimica. Imperialismo ed ecologia, Bertani Editore, Verona, 1972.
BACHARAN Nichole , Histoire de noirs américains au XX siècle, Editions Complexe, Bruxelles, 1994.
CANOT Robert , L’estate di Watts, Rizzoli Editore, Milano, 1970.
CLEAVER Eldridge, Anima in ghiaccio, Rizzoli, Milano, 1969,
GLABER Martin (a cura di Bruno Cartosio), Classe operaia, imperialismo e rivoluzione negli USA, Musolini Editore, Torino, 1976.
HAL Drapel, La rivolta di Berkeley, Einaudi, Torino, 1966.
HARWEY Pekar, Studenti contro il potere: la storia del SDS, il movimento studentesco protagonista del ’68 americano, Alet Edizioni, Padova, 2008.
JAMES C. L, Baron H.M,, Gutman H.G. (a cura di Cartosio Bruno), Da schiavo a proletario. Tre saggi sull’evoluzione storica del proletariato nero negli Stati Uniti, Musolini Editore, Torino, 1973
MARINE Gene, Black Panthers. Storia delle Pantere Nere, Rizzoli, Milano, 1971.
MEEREPOL Robert, Quando il governo decise di assassinare mio padre e mia madre. Il figlio di Ethel e Julius Rosenberg racconta, Zambon Editore, 2007.
NASO Paolo, L’altro Martin Luther King, Claudiana Editrice, Torino, 1993.
SEALE Bobby, Cogliere l’occasione. La storia del Black Panthers Party e di Huey P. Newton, Einaudi Editore, Torino, 1971.